25 de Noviembre de 2020

Kiev – El Barcelona recuperó la calma en Kiev, logrando una victoria (0-4) de prestigio labrada en la segunda mitad con un equipo de circunstancias, atendiendo a que Koeman añadió cambios inesperados en un once que impuso su superioridad en la segunda parte y en el que destacó especialmente el debut del canterano Òscar Mingueza, muy sólido en el centro de la defensa junto a Lenglet y que asistió a Braithwaite en el 0-2.

Y que destacó, también, por la presencia, por primera vez en su historia de dos jugadores de Estados Unidos, con el debut de Konrad y el partido, espectacular, de Sergiño Dest.

La victoria, goleada, se certificó tras el descanso, después de una primera mitad muy discreta del equipo azulgrana y en la que el Dynamo le tuteó con descaro, aunque sin capacidad de remate, ante un equipo azulgrana, vestido de negro, que apenas encontró la comodidad en la combinación. El festival lo reservó para la segunda mitad.

El Barça, novedoso en todos los órdenes, con un equipo desconocido puesto que a las ausencias de Messi, De Jong, Busquets o Piqué se sumaron las de Jordi Alba, Griezmann o Dembélé, que se quedaron en el banquillo, llevó el control del partido, con Aleñá formando parte del doble pivote junto a Pjanic y encargándose, junto a Coutinho, de repartir el juego de un equipo reconocible… Pero al que presentó desde un buen principio batalla el Dynamo, atrevido y exigente.

Durante la primera parte no existieron apenas ocasiones ni jugadas especialmente destacadas, más allá de un posible penalti sobre Trincao no apreciado por el árbitro y una última ocasión ucraniana, en tiempo añadido, que salvó Ter Stegen.

FESTIVAL

La fiesta del Barça llegaría tras el descanso. Más estirado y decidido, el equipo de Koeman le tomó el ritmo al juego sin disimulo. En cinco minutos sentenció la victoria con los goles de Dest y Braithwaite que descolocaron a un Dynamo sin capacidad de reacción y entregado a su suerte desde que a los siete minutos una jugada iniciada por Mingueza la sentenció Dest con un disparo cruzado, entrando como una exhalación en el área.

Mingueza, muy firme al corte, fue protagonista especial en el segundo gol, cinco minutos después, al peinar un corner lanzado por Aleñá y que dejó el remate franco en el segundo palo a Braithwaite, quien también redondeó su noche más feliz al anotar el 0-3 de penalti.

  Para entonces el Barça, irreconocible en nombres, ya disfrutaba de una jornada plácida como no podía sospechar en días anteriores. Habían entrado Riqui Puig o Konrad, otro debutante, y hasta debutado Matheus Fernandes, que se colocó en el mediocentro a la vez que Junior, tras la salida de Lenglet, se recolocaba como central junto a Mingueza.

El festival lo acabó Griezmann, en tiempo añadido con un disparo cruzado que redondeó la noche más feliz de un Barça atípico. Tan atípico como revolucionario y entregado a la ambición en una segunda mitad que no tuvo nada que ver con la primera para cerrarse a lo grande.

Un equipo de laboratorio, impensable con hasta tres debuts (Mingueza, Matheus y Konrad) para una victoria, goleada, de prestigio. Con dos futbolistas estadounidenses en el campo por primera vez en la historia y la sensación de que la apuesta de Koeman le salió redonda a un equipo con mucho que decir.

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